“Me pidieron que me fuera”: el adiós del padre Juan Antonio Amado, el alma del Hogar San Camilo vuelve a España
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Después de tantos años de trabajo incansable en el Hogar San Camilo de Vagues, el padre Juan Antonio Amadeo, religioso camilo y responsable del hogar para personas con discapacidad, recibió la noticia que nadie quería escuchar: debe regresar a España.
“Me pidieron que me fuera”, reconoce con tristeza. “Claro que duele, porque no estaba mentalizado para irme tan pronto. Es cierto que ya sentía el cansancio, lo repetitivo de los problemas. Pero la satisfacción de estar con los chicos no tiene precio.”
La noticia golpeó fuerte en la comunidad de San Antonio de Areco y en especial en el pequeño pueblo de Vagues, donde el Hogar se convirtió, bajo su gestión, en un modelo de amor, fe y profesionalismo al servicio de las personas con discapacidad.
Una misión que transformó vidas
Cuando Juan Antonio llegó desde España, hace ya varios años, el Hogar atravesaba un momento crítico. “Me encontré con un lugar muy pobre en recursos, sin actualización de medios mecánicos, sin herramientas básicas”, recuerda. “Pero había que hacerlo. Aunque me dijeran que era un capricho, había que ponerlo en normativa.”
Le tomó tres años conocer el lugar, a los chicos, al personal, entender las dinámicas internas y comenzar a transformar el espacio. Incorporó grúas eléctricas, impulsó mejoras edilicias, gestionó equipamiento y buscó fondos en organismos públicos y privados.
“Le pedí a la Fundación Pérez Companc un millón de dólares, y 999 ni un millón 100. Ni me dieron ni pelota, ni me contestaron, me dio igual. Y al cabo de un año me llama una señora de la Fundación Pérez Companc’. Tenemos acá una carta acá, me dijo. ‘Señora, si usted mira la carta, en el tercer párrafo dice: aceptaré la donación siempre y cuando venga alguien de la fundación para ver el fin y para quién es. Nunca vinieron. Así que muchas gracias. Para lo que pedía para ustedes ya está cubierto. Muchas gracias’.”
Sostener lo imposible
En los últimos tiempos, Juan Antonio no solo tuvo que lidiar con la gestión cotidiana, sino con una realidad cada vez más hostil. “No hay una seguridad lineal -dice- cuando parece que todo va bien, fallan los pagos. Y yo no puedo decirle al personal: lo siento, no hay plata. Ellos cumplen con su trabajo, y yo tengo la responsabilidad de cumplir con ellos.”
El año pasado, cuando llamó al entonces director nacional de Discapacidad para reclamar por los pagos atrasados, recibió una respuesta que no sorprende: “No hay guita”
“Imaginate lo que sentí. Uno tiene que rebuscársela, pedir créditos, porque las personas no pueden esperar. Acá no se suspende la vida por falta de fondos.”
Pese a todo, nunca bajó los brazos. “Si algo me llevo y con orgullo es que tenemos el mejor equipo que se puede armar. No ando detrás de los médicos o de las enfermeras. Ellos saben qué hacer. Mi función era darles las herramientas para que estén mejor. Nada más.”
El corazón del Hogar San Camilo
El Hogar San Camilo fue fundado en 1978 por la Orden de los Ministros de los Enfermos, más conocidos como los Religiosos Camilos, y funciona en la localidad de Vagues, partido de San Antonio de Areco.
Tal como se describe en su página oficial, es “una familia formada con amor, profesionalismo y tecnología, en la clave de San Camilo: con corazón en las manos, cuidándonos como lo hace una tierna madre, con su único hijo enfermo”.
“Quien visita el Hogar San Camilo percibe fácilmente que entre las personas que prestan sus servicios y quienes los reciben se respira un genuino clima de amor, entrega y agradecimiento”, puede leerse en hogarsancamilo.ar.
La institución alberga a niños, niñas y adolescentes con discapacidades graves y alto nivel de dependencia, muchos sin red familiar. Dispone de 75 plazas, un equipo interdisciplinario de más de 60 trabajadores, tecnología de punta y un tambo propio que abastece su cocina y comparte excedentes con otros centros asistenciales.
Su misión es doble: cuidar y enseñar a cuidar.
Al final de esa misma presentación, el sitio recuerda las palabras del santo que inspira su obra:
“Cuiden a los enfermos como una tierna madre cuida a su único hijo enfermo”, San Camilo de Lelis
Un adiós que deja huella
No es la primera vez que el Hogar San Camilo despide a un sacerdote querido. Cuando partió el padre Jesús, también fue un golpe duro para la comunidad. Su entrega silenciosa, su cercanía con los chicos y su calidez dejaron un vacío difícil de llenar.
Hoy, con la partida de Juan Antonio, vuelve esa sensación de tristeza profunda, pero también de gratitud infinita por la obra compartida.
El eco de sus palabras queda suspendido en los pasillos del Hogar, donde cada respirador, cada caricia y cada turno de guardia llevan su huella.
El padre Juan Antonio se va, pero el Hogar San Camilo sigue latiendo con la misma fuerza que él ayudó a construir.
Hasta pronto, Juan Antonio. En el siguiente enlace se comparte un video que se hizo el año pasado. Imperdible: Muchas gracias por tu incansable labor por los que más nos necesitan.
