“Luz en la biblioteca”: una muestra que enciende el tiempo compartido

Entre los estantes antiguos de la Biblioteca Popular Belgrano, en Arellano 115, esta vez no solo brillaron los libros. Las velas encendidas sobre decenas de candelabros de cerámica transformaron el espacio en una escena íntima, cálida y artesanal.

Así se presentó “Luz en la biblioteca”, la muestra colectiva del taller de María Victoria Calvi, que durante todo el año trabajó con sus alumnas y alumnos -niños y adultos- en una obra común: devolverle luz al acto de leer.

La idea surgió a comienzos de año, cuando desde la biblioteca invitaron a Vicky a realizar una exposición. Ella pensó en aquella época en que se leía con velas, cuando leer implicaba detenerse, desconectarse del ruido y entrar en otro tiempo. Así nació la propuesta: cada participante del taller crearía su propio candelabro, el que sintiera, el que llevara su huella.

“El taller entero trabajó con ese propósito -contó- las chicas, los nenitos, todos estaban expectantes por ver sus piezas en la biblioteca. Lo más lindo es que trajimos el espíritu del taller: los budines, la limonada, las risas y esa costumbre de hacer juntos. La cerámica tiene eso, te conecta con lo que sentís y lo compartís”. 

Pero Luz en la biblioteca es también la historia de un reencuentro personal.

“Yo hice cerámica cuando era chica y había quedado… Después estudié diseño y las cosas siguieron. Y cuando a uno de mis hijos, chiquito, le descubrieron que tenía dislexia y necesitaba hacer cerámica para concentrarse, lo llevé a él y como que resurgió todo eso que uno a veces se olvida.  Y ahí arranqué de vuelta. Los chicos se van poniendo grandes y yo iba creciendo a la par con ellos en otra cosa que a mí me gustaba y se transformó en mi pasión. Mi casa es un estudio y los chicos dicen: el taller se va tomando la casa y es literal”. 

Ese volver a modelar con las manos, a dejar que el fuego del horno transforme la arcilla en luz, marcó el tono de toda la muestra. Cada pieza fue pensada como un pequeño faro, una invitación a la calma, al tiempo detenido. “Era re lindo darle luz, de algún modo, a la biblioteca -dice-  sabíamos que entre los estantes oscuros de libros antiguos, las velas iban a resaltar. Y que esa luz podía invitar a leer, a volver a investigar, a sentarse como antes”.

El proyecto, acompañado por música en vivo de Ignacio Dufaur y Matteo Salomone, reunió comunidad, arte y memoria. Porque, en definitiva, “Luz en la biblioteca” no fue solo una exposición: fue una forma de recordar que la lectura, como la cerámica, necesita tiempo, atención y fuego propio.

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