Entre el barro, las zanjas y los vehículos encajados: el reclamo pone en la lupa sobre el Barrio Lecot
En pocas líneas
- Una vecina del Barrio Lecot expuso con imágenes y testimonios la difícil situación que enfrenta cada vez que llueve. Zanjas abiertas, barro, vehículos encajados y la falta de cordón cuneta forman parte de una postal que se repite desde hace años.
- La situación afecta especialmente a familias con niños pequeños y vuelve a abrir el debate sobre la infraestructura pendiente en uno de los sectores de crecimiento de la ciudad.
- La situación llegó a tal punto que una madre de dos menores debió improvisar un puente casero para poder atravesar una zanja y entrar a su casa.
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El crecimiento de San Antonio de Areco no siempre parece avanzar al mismo ritmo para todos. Mientras algunos sectores suman desarrollo y nuevas urbanizaciones, otros continúan esperando obras básicas que deberían haber dejado de ser un reclamo hace tiempo. En esos lugares, la sensación es que las soluciones siempre quedaron anotadas para “más adelante” o “para algún día”.

En el Barrio Lecot, una vecina decidió mostrar la realidad cotidiana que enfrenta cada vez que llueve. Las imágenes hablan por sí solas: calles convertidas en barro, zanjas profundas, vehículos encajados y vecinos improvisando soluciones para poder entrar a sus propias casas.
“No hay cordón cuneta, pero hay tubos con el agua que no tiene salida para ningún lado y seguimos con el tema del barro como hace tres años“, describió.

La situación no se limita a una incomodidad ocasional. Según relata, salir o ingresar a la vivienda puede transformarse en una maniobra riesgosa, especialmente cuando hay niños pequeños de por medio.
“Siempre corriendo el riesgo de encajarnos, caernos con los niños a upa para poder ingresar a mi casa como si viviéramos en el campo“, señaló.

Las fotografías muestran incluso una camioneta enterrada en el barro y un automóvil cubierto de tierra tras intentar circular por la zona. También se observa una zanja junto al camino y una improvisada pasarela metálica utilizada para cruzarla.
La escena más llamativa ocurrió durante las últimas lluvias. Ante la imposibilidad de atravesar la zanja con seguridad, la vecina debió recurrir a una solución de emergencia.
“Anoche dejé a mis hijos en el auto porque no podía saltar la zanja que hicieron con los dos a upa e improvisé un puente, como pude, poco seguro, pero me sirvió para poder cruzar a mi casa. Divino“, ironizó.

El reclamo trasciende lo material. Habla también del desgaste de convivir durante años con un problema que se vuelve parte de la rutina familiar.
“Mi hija mayor de 4 años tiene recuerdos de las veces que nos encajamos con los autos. Una vergüenza“, lamentó al tiempo de preguntarse: “¿Habrá que conformarse o será mejor indignarse?“.
Porque cuando una madre debe improvisar un puente para entrar a su casa con sus hijos en brazos, la discusión ya no pasa por la paciencia de los vecinos. La pregunta es cuánto tiempo más puede el Estado mirar hacia otro lado frente a problemas que hace años forman parte de la vida cotidiana de quienes viven allí.

