El Taller de Teatro Leído de la UNSAdA presentó “Todas las canciones de amor”, un monólogo compartido por 18 voces
El Taller de Teatro Leído de la Universidad Nacional de San Antonio de Areco (UNSAdA) ofreció una presentación singular y profundamente emotiva: una puesta colectiva del texto Todas las canciones de amor, del dramaturgo argentino Santiago Loza. Lo particular no fue solo la elección de la obra, sino la decisión estética que guió la presentación: dieciocho intérpretes femeninas y un intérprete masculino se turnaron para encarnar un único personaje.

El coordinador del taller, Santiago Alegría, destacó la importancia de contar con un espacio de escucha atenta, de silencio compartido y de imaginación activa, donde cada voz abría una puerta distinta hacia la misma historia.

La obra de Loza -respetada íntegramente en su texto original- propone un personaje femenino que espera el regreso de su hijo tras años sin verlo. Mientras transcurre la espera, la protagonista evoca escenas domésticas, momentos con su hijo, recuerdos con su marido, fragmentos que componen una biografía íntima y universal. Alegría destacó esa potencia dramática: “Es una historia preciosa… una mujer que espera, que recuerda. Todo eso se construye en la imaginación del espectador”.

El desafío no fue adaptar el texto, sino la puesta. Cada una de las intérpretes tomó el personaje desde su sensibilidad, generando un mosaico de voces que sumó capas a la narración. La dinámica del teatro leído permitió sostener esa diversidad sin perder la unidad emocional de la obra.

Para Alegría, el gesto de reunirse a escuchar también asumió un sentido contemporáneo inesperado: “En este momento, sentarnos y escuchar con calma, con paciencia y con presencia es un acto bastante contrasistema”. La experiencia recuperó ese clima íntimo de la palabra compartida, casi ritual, donde cada silencio cuenta.

“Poder darle énfasis y valor a los espacios públicos es fundamental”, expresó Santiago. Es importante destacar la importancia de que una universidad pública habilite territorios para la creación artística, incluso para personas que llegan al taller desde la total interés. Porque eso también distingue al grupo: la pasión. Todas y todos los participantes son amateurs, impulsados por el deseo. Alegría lo describió con gratitud: “No fue un trabajo difícil porque realmente tienen mucho deseo de estar acá. Para mí fue un gran placer acompañar”.
















