Julio Alonso Arévalo en Areco: la IA como herramienta y el riesgo de “renunciar al esfuerzo del aprendizaje”

El bibliotecario e investigador español Julio Alonso Arévalo, referente de la Universidad de Salamanca y especialista en inteligencia artificial aplicada al ámbito bibliotecario, visitó San Antonio de Areco invitado por el Anexo 3391 del ISFDyT N.º 139 “Mariano Moreno”. En el Salón Guerrico habló de las posibilidades que abre esta tecnología, pero también de sus límites: errores presentados como certezas, respuestas complacientes y el riesgo de delegar en las máquinas una parte cada vez mayor del esfuerzo de aprender y pensar.

La visita tuvo especial relevancia para la comunidad educativa local. El encuentro se realizó en el Salón Guerrico de San Antonio de Areco y fue organizado en el marco de las actividades del Anexo 3391 del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N.º 139 “Mariano Moreno”, con sede central en Carmen de Areco.

En el Anexo local se dicta la Tecnicatura Superior en Bibliotecología para Instituciones Educativas, con modalidad bimodal.

Desde ese ámbito surgió la posibilidad de recibir a Julio Alonso Arévalo, quien se encontraba en la región por diferentes compromisos académicos y aceptó sumar San Antonio de Areco a su recorrido.

José María Williams, docente del Anexo, y Nora Taberna, bibliotecaria de la institución en dialogo con esta productora señaló:  “Tenemos el honor de tenerlo acá en Areco, en la Capital de la Tradición argentina. Es una personalidad del mundo de la bibliotecología hispanoamericana”.

Taberna describió la oportunidad de compartir el encuentro con una comparación sencilla y emotiva: “Para nosotros es como un chico al que le abren una juguetería”.

¿Quién es Julio Alonso Arévalo?

Alonso Arévalo es jefe de la Biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca, una de las universidades históricas de España. Su cargo figura en el directorio oficial del Servicio de Bibliotecas de esa casa de estudios.

Su producción académica está estrechamente vinculada con las transformaciones que atraviesa la profesión: acceso abierto, información y documentación digital, alfabetización informacional, lectura digital y nuevas tecnologías aplicadas a las bibliotecas.

Es además creador de Universo Abierto, un proyecto dedicado a información, documentación, libros, bibliotecas y nuevas tecnologías. Además, cuenta con una extensa producción de libros, artículos y trabajos académicos.

En los últimos años, buena parte de su trabajo se concentró precisamente en la inteligencia artificial y el papel que pueden desempeñar las bibliotecas frente a su avance: no sólo incorporándola a sus tareas, sino ayudando a formar usuarios capaces de comprenderla, cuestionarla y utilizarla críticamente.

Por eso, su paso por Areco tuvo una relación directa con la formación de quienes cursan la Tecnicatura en el Anexo 3391.

Bibliotecas que ya no son solamente libros

Alonso Arévalo planteó que la transformación tecnológica obliga también a repensar qué entendemos por biblioteca.

Los libros continúan formando parte de su ADN, explicó, pero estas instituciones cumplen además una función vinculada con la construcción de comunidades, el acceso al conocimiento y el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

En ese escenario aparece inevitablemente la IA.

Para el especialista, la respuesta no pasa por rechazarla. Puede agilizar procesos, analizar grandes cantidades de información y liberar a los profesionales de tareas repetitivas para que concentren su tiempo en trabajos de mayor valor.

Según explicó durante la entrevista, un informe de la Asociación Americana de Bibliotecas señala que estas herramientas permiten ahorrar entre un 30 y un 40% del tiempo destinado a determinados procesos técnicos.

Pero junto con las oportunidades aparecen los desafíos.

Cuando la IA responde muy segura… y está equivocada

Son las llamadas “alucinaciones”: respuestas incorrectas o inventadas que estos sistemas pueden presentar de manera coherente y convincente.

Alonso Arévalo sumó otro aspecto menos evidente: la complacencia.

“Si tú tienes una determinada idea y le has preguntado antes cosas sobre esa cuestión, te va a seguir con tu idea. Es complaciente totalmente, pero a veces eso no es lo real”. 

Es allí donde vuelve a resultar imprescindible el criterio humano.

La herramienta puede colaborar con un análisis, ordenar información o acelerar un proceso pero no sustituye aquello que permite producir algo verdaderamente nuevo.

“Si no existe creatividad humana, no existe nada. No existe novedad, no existe nada nuevo”. 

De las bibliotecas al periodismo

La conversación salió entonces del ámbito estrictamente bibliotecario.

Ante la pregunta sobre qué ocurre con los periodistas cuando parte del trabajo de escritura comienza a quedar en manos de estas herramientas -y qué podría suceder también con escritores, estudiantes y otras profesiones- el investigador puso el foco en un riesgo diferente al simple reemplazo laboral: dejar de ejercitar nuestra propia capacidad de pensar.

Para explicarlo recurrió a Dune, la novela publicada por Frank Herbert en 1965, y a la advertencia que atraviesa su universo: una humanidad que delega el pensamiento en las máquinas termina sometida por ellas.

La conversación llegó entonces a la educación.

Alonso Arévalo mencionó los resultados del informe PISA y habló de una caída de 22 puntos en matemáticas y lectura, que relacionó con alumnos que recurren a estas herramientas para resolver sus trabajos y terminan “renunciando al esfuerzo que supone el aprendizaje”, aseguró. 

Williams intervino entonces para señalar que observa una situación similar en nuestra región en particular y en el país en general. 

¿Hay que tenerle miedo?

La respuesta del especialista español podría resumirse en una idea: hay que aprender a utilizarla.

Aprovechar aquello que permite hacer mejor o más rápidamente, pero conociendo sus limitaciones.

En ese proceso, bibliotecas y bibliotecarios pueden ocupar un lugar privilegiado: convertirse en guías para comprender qué ofrece realmente la IA, cómo verificar aquello que produce y cuándo es imprescindible detenerse y volver al criterio humano.

No se trata, entonces, de elegir entre los libros y la tecnología, ni entre las personas y las máquinas.

Se trata de aprender a convivir con una herramienta extraordinariamente poderosa sin abandonar el pensamiento crítico, el aprendizaje y la creatividad.

Durante el encuentro, Natalia Chapartegui, Inspectora Jefa Distrital de Educación de San Antonio de Areco, participó de la entrega de un presente al visitante.

Alonso Arévalo cerró su paso por la ciudad con una impresión mucho menos tecnológica y bastante más afectiva: “Me parece súper bonita, entrañable. Esas esencias de lo argentino están acá”. 

Mientras las máquinas son capaces de realizar cada vez más tareas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas, la pregunta que dejó la charla en Areco quizás sea mucho más sencilla que cualquier algoritmo: qué queremos hacer nosotros con ellas y qué capacidades no queremos dejar de ejercer por nosotros mismos.

 

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