Perfil | Facundo Torres: el que hace que todo ocurra

Texto y narración: Jimena Ruiz
Idea y producción general: Equipo de Daniel Boscoproducciones

 

Hay alguien en la radio que el oyente no ve.

No conoce sus manos sobre la consola. No sabe cuántas cosas ocurren al mismo tiempo frente a sus ojos. No lo ve buscar un audio mientras atiende el teléfono, dispara una tanda, abre un micrófono, encuentra una canción, responde un timbre y escucha, además, cada palabra que estamos diciendo.

Pero está ahí.

Y hace que todo ocurra.

Porque uno puede tener la mejor voz, haber preparado una entrevista extraordinaria, encontrar la pregunta justa o llegar al estudio con la noticia del día. Pero después se enciende la luz de aire y hay otro que tiene que conseguir que todo eso se transforme en radio.

O te lucís o te hundís.

Y Facundo Torres hace más de treinta años que trabaja para que todo funcione tal cual lo pensamos. 

Quizás por eso su historia podría empezar mucho antes de FM Sol, con un chico de unos 14 años mirando una cabina.

Su papá hacía La hora del recuerdo en FM Imagen y él andaba por ahí, curioseando. Walter Casanave comenzó a mostrarle ese universo extraño de consolas, botones, micrófonos y sonidos.

Facundo miraba.

Preguntaba.

Aprendía.

Pero, sobre todo, escuchaba.

Porque antes que la radio estuvo la música. O quizás estuvieron siempre juntas.

La música terminó siendo su manera de habitar el mundo.

Estaba en los recreos de la secundaria, cuando era él quien agarraba el equipo para poner Los Redondos y las canciones que escuchaban con sus compañeros. Estuvo después en los cumpleaños de amigos, en los primeros eventos, en los casamientos y en las fiestas.

Y sigue estando hoy.

Está en cada evento que musicaliza y también cada mañana, cuando elige una cortina, encuentra el tema preciso o rescata uno de esos audios que guarda durante meses porque sabe que algún día, en algún momento inesperado, va a hacerlo entrar al aire y todos vamos a terminar riéndonos.

Tal vez ése sea el hilo invisible de toda su historia.

Un chico que se acercó a una cabina porque le gustaba la música y que terminó haciendo de los sonidos un oficio, una profesión y una forma de vivir. 

Cuando yo llegué a esta casa, Boscoproducciones, Facundo ya estaba.

Era muy pibe.

Había entrado junto a su padre, con 16 o 17 años, y no precisamente para sentarse frente a una consola. Hacía mantenimiento, limpieza, pintura, lo que hubiera que hacer.

Pero la cabina seguía ahí.

Y él también seguía mirándola.

Hasta que un día dejó de mirar desde afuera.

Sergio De Blas y Carlitos Martínez fueron parte de aquellos primeros aprendizajes. Eran tiempos de discos compactos, de elegir la música casi con las manos, de otra tecnología y otra manera de hacer radio.

Después vinieron la edición, las publicidades, la artística, los programas de los fines de semana, la musicalización y los noticieros.

Y llegó Dinámica.

Primero como segundo operador.

Después, simplemente, como Facu.

El que está.

El que sabe.

El que resuelve.

Hoy está a cargo de la operación de Dinámica Matinal y del armado artístico, la musicalización y la publicidad de FM Sol. Y sigue haciendo las tardes de la radio, como cuando era apenas un pibe.

Sólo que ya no es aquel pibe.

Lo vi aprender. Lo vi frustrarse. Lo vi volver a intentar. Lo vi equivocarse y seguir. Lo vi crecer dentro de esta casa y también fuera de ella.

Lo vi enamorarse de Mili, hoy su compañera de vida.

Y lo vi convertirse, casi sin que nos diéramos cuenta porque ocurrió delante de nuestros ojos, en el profesional que es hoy.

Hay algo que aprendí trabajando con él: operar un programa de actualidad también es hacer periodismo.

Sólo que sin micrófono.

Cuando durante cinco horas hablamos de política, sociedad, derechos humanos, espectáculos o de aquello que acaba de suceder, Facundo no está simplemente esperando que alguien le pida que apriete un botón.

Está escuchando.

Y escuchar, en este oficio, es muchísimo.

Sabe dónde estuvo la noticia dentro de una entrevista. Reconoce la frase importante. Intuye qué parte vamos a pedirle después. Muchas veces, antes de que terminemos de explicarle qué necesitamos, él ya sabe dónde buscar.

Mientras nosotros hablamos, preguntamos, discutimos o improvisamos, del otro lado del vidrio ocurre otro programa.

El suyo.

Y además de todo lo que respecta a su labor dentro de la productora, estamos nosotros. 

Que no somos fáciles pero su paciencia le permitió entender nuestros tiempos, nuestros gestos y hasta nuestros silencios.

Después de tantos años desarrolló algo que ninguna consola trae entre sus funciones: conoce el pulso del aire.

Sabe cuándo hace falta una cortina. Cuándo conviene dejar respirar una frase. Cuándo una noticia exige seriedad. Y cuándo ya tuvimos suficiente solemnidad y es hora de que aparezca uno de esos recortes que guarda vaya uno a saber desde cuándo para cambiar el clima. 

Eso no se aprende leyendo un manual.

Se aprende haciendo radio.

Miles y miles de horas de radio.

Hubo también alguien fundamental en la otra parte de su historia: Chango Cárdenas. 

Facundo reconoce en él a uno de sus grandes maestros. Trabajaron juntos durante años musicalizando eventos de todo tipo. Casamientos, fiestas, encuentros sociales. Horas y horas aprendiendo algo que parece sencillo hasta que uno intenta hacerlo: leer a la gente.

Porque musicalizar no es poner canciones.

Es mirar una pista y entenderla.

Saber cuándo levantarla, cuándo cambiar, cuándo insistir y cuándo una canción puede transformar una noche.

Hasta que un día Chango le hizo una pregunta que parecía pequeña: ¿Por qué no te comprás tu propio equipo?

Y Facundo se animó.

De a poco armó lo suyo. Su equipo. Su trabajo. Su nombre. Su sello: “Facundo Torres Sonido e Iluminación”. 

Y entonces la música lo llevó mucho más lejos que aquella cabina.

Porque Facundo también es la fiesta de 15 de tu hija. Es tu casamiento. Es ese cumpleaños que preparaste durante meses, una fiesta de egresados, un encuentro de una empresa o, por qué no, tu divorcio si decidiste que también eso merece celebrarse.

En esos momentos que después se convierten en recuerdos eternos.

Porque desde hace décadas hay personas que, cuando saben que algo importante está por pasar en sus vidas y quieren ponerle música, lo llaman.

Cuando se apagan las luces de la fiesta, hay otra casa a la que siempre vuelve.

La radio.

Y después está el hombre.

El compañero.

El buen tipo.

El que siempre está de buen humor. El que tiene una dulzura y una delicadeza que hacen muy difícil no quererlo.

Aunque hay una advertencia que quienes lo conocemos aprendimos con los años: Mejor que Facu no se enoje.

Porque así como es dulce, también sabe poner límites. Y si tiene que enfrentar un muro, lo enfrenta. Puede plantarse frente a él y derribarlo con palabras firmes cuando considera que algo no corresponde.

Nunca confundió ser buena persona con tener que decir que sí a todo.

Y quizás por eso lo respetamos tanto.

Porque a Facundo se lo quiere, pero también se lo respeta.

El que diga que no lo quiere es porque no lo conoce.

Daniel Bosco, director de este medio y alguien que lo vio crecer durante todos estos años, encontró una manera mucho más sencilla de decir todo esto: “Es un hijo para mí”.

Y no es solamente una linda frase.

Son treinta años metidos dentro de un manojo de palabras.

Porque para que alguien que te vio llegar siendo casi un chico pueda decir eso tres décadas después, tuvo que pasar la vida.

Hubo jornadas interminables, seguramente discusiones, problemas, aprendizajes, alegrías, pérdidas, proyectos, cambios, errores, aciertos y miles de horas compartidas.

Ese lugar no se compra.

Tampoco se hereda.

Se gana.

Y sí, la escena que se repite todas las mañanas.

Nos sentamos frente a los micrófonos.

Acomodamos papeles. Abrimos páginas. Repasamos entrevistas. Comentamos lo que vamos a hacer. A veces llegamos corriendo. Otras cambiamos todo a último momento.

Y después se enciende la luz.

Estamos en el aire.

Del otro lado, alguien escucha FM Sol mientras prepara el mate, abre un comercio, maneja hacia el trabajo o empieza su día.

Escucha nuestras voces. Nosotros podemos concentrarnos solamente en preguntar porque alguien está ocupándose de todo lo demás.

Uno puede ser muy bueno delante de un micrófono.

Pero nunca está solo.

Siempre esta nuestro gran guion. Facu. 

Tal vez ésa sea una de las mayores generosidades de su oficio: hacer muchísimo para que parezca que todo sucede naturalmente.

Cuesta mirar a alguien que conocemos desde hace tantos años y descubrir cuánto tiempo pasó.

Hoy aquel pichón es un hombre.

Tiene sueños cumplidos y otros que todavía esperan su turno. Tiene una compañera de vida. Tiene su música, sus equipos, sus eventos, su profesión y su lugar en esta casa.

Un lugar que nadie le regaló.

Se lo ganó con pasión, esfuerzo y ese esmero propio de quien desea algo profundamente y decide trabajar para conseguirlo.

Este perfil es apenas una manera de decirle algo que quizás, en la vorágine de todos los días, no decimos demasiado.

Que lo vimos. Que te vimos y te vemos. 

Que sabemos todo lo que hiciste para llegar hasta acá.

Después de tantos años ya no hay pecera capaz de esconder su historia.

Hay voces que quedan en la memoria de una radio.

Y hay personas que hicieron posible que todas esas voces llegaran a otros. 

Porque Facundo no está detrás de la radio. Facundo es la radio y también es parte de esos momentos más importantes para otras personas. 

Y quizás, después de todo, su enorme misión en este mundo sea esa: estar ahí cuando algo hermoso está por pasar y hacer que suceda.

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