26/12: el antes y el después en la vida de todos los arequeros
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El 26 de diciembre de 2009 quedó marcado como una de las jornadas más tristes y graves en la historia de San Antonio de Areco. No fue la primera inundación del pueblo, pero sí la más devastadora hasta ese momento, y la que modificó para siempre la relación de la comunidad con el Río Areco.
Entre el viernes 25 y la madrugada del sábado 26 cayeron alrededor de 250 milímetros de lluvia en pocas horas, sobre un suelo ya saturado. El río desbordó y el agua avanzó sin control sobre viviendas. La crecida superó registros históricos.
La escena fue dramática. Más de 3.000 personas debieron ser evacuadas. Barrios enteros quedaron bajo el agua. Hubo familias que pasaron horas sobre los techos de sus casas esperando ser rescatadas o queriendo preservar sus bienes. Todas quedaron aisladas, sin luz ni comunicación, viendo cómo el nivel del agua seguía subiendo. Autos flotaban por las calles. Viviendas construidas con años de esfuerzo quedaron inutilizadas en cuestión de horas.
Las pérdidas fueron profundas y, en muchos casos, irreparables. No solo se perdió mobiliario o electrodomésticos: se perdieron fotos familiares, documentos, recuerdos de toda una vida, archivos que no se recuperan. Muchas casas nunca volvieron a tener el mismo valor. El agua dejó marcas estructurales, humedad permanente y un estigma que todavía hoy pesa sobre ciertos barrios.
El pueblo entero quedó paralizado. Vecinos asistiendo a vecinos, intentando organizar lo urgente en medio del caos. Durante días, Areco funcionó en estado de emergencia.
La inundación no fue un hecho aislado. Otras localidades de la región, como Salto, Arrecifes y Pergamino, también sufrieron anegamientos por el desborde de ríos y arroyos secundarios que, en condiciones normales, descargan hacia el Río Paraná. El impacto en Areco fue especialmente severo.
La magnitud del desastre atrajo la atención de medios de todo el país. Cámaras y móviles transmitieron durante días desde el pueblo. En el plano político, la entonces intendenta Estela Lennon atravesó el momento más crítico de su gestión, enfrentando una crisis que superó la capacidad local de respuesta.
Días después llegó el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Hubo recorridas por las zonas afectadas, anuncios de asistencia y compromisos para avanzar en soluciones estructurales que evitaran que algo así volviera a ocurrir. Se habló de obras, de estudios técnicos, de un abordaje integral del problema hídrico.
Con el paso del tiempo, algunas acciones se concretaron: tareas de limpieza del cauce, estudios de manejo hídrico, obras puntuales de alivio y mitigación. Sin embargo, las soluciones de fondo nunca se completaron en su totalidad. Muchas de las obras prometidas quedaron inconclusas, se demoraron o se fragmentaron entre distintas gestiones.
La prueba más clara fue que las inundaciones volvieron. En los años siguientes, Areco volvió a sufrir crecidas que reactivaron el miedo y confirmaron que el problema no había sido resuelto de manera definitiva. La tragedia de 2009 no había sido un hecho excepcional, sino el inicio de una etapa.
Un dato siempre señalado es que no hubo víctimas fatales. La inundación ocurrió de día y en verano, lo que permitió evacuar. Pero la ausencia de muertes no reduce la gravedad de lo ocurrido. Las consecuencias sociales, económicas y emocionales fueron profundas y persistentes.
Desde aquel 26 de diciembre, ningún gobierno pudo volver a subestimar el comportamiento del Río Areco. La inundación obligó a poner el problema en agenda y a reconocer que el riesgo era estructural. También dejó una comunidad más desconfiada, más exigente y marcada por la experiencia.
Hoy, a más de una década y media, la fecha sigue siendo una referencia inevitable.
No como anécdota del pasado, sino como una herida abierta.
El 26/12 dividió la historia reciente del pueblo en dos: antes, cuando el agua parecía un problema ocasional;
después, cuando quedó claro que ignorarla tenía un costo demasiado alto.
Ese día cambió la vida de miles de arequeros. Y sus consecuencias, todavía, no terminaron de cerrarse.
Fotos de archivo 2009




