Areco recordó a Ricardo Güiraldes con un homenaje y una mirada hacia las nuevas generaciones
Al cumplirse 99 años de su fallecimiento, autoridades, familiares, representantes de instituciones y vecinos se reunieron junto al monolito que recuerda al escritor. La preservación de su legado y su transmisión a los más chicos atravesaron los discursos.
Areco homenajeó a Ricardo Güiraldes en un nuevo aniversario de su muerte, con un acto que reunió a integrantes de su familia, paisanos, vecinos y autoridades municipales. La ceremonia se desarrolló junto al monolito erigido en su memoria en 1936.
Durante la apertura se evocaron palabras de Alberto Gregorio Lecot, quien fuera director del Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes e impulsor de la preservación de la memoria del escritor. El recuerdo destacó su amistad y una personalidad en la que convivían el poeta, el hombre y el artista. Luego, los presentes compartieron un minuto de silencio.
Desde la Asociación de Amigos del Parque Criollo y Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, destacaron la publicación de Don Segundo Sombra en 1926 y a la huella que esa obra dejó en la historia y la cultura de Areco. También la responsabilidad de custodiar los usos y costumbres del gaucho que Güiraldes supo retratar.
Uno de los momentos más emotivos fue la intervención de una sobrina bisnieta del escritor, de nueve años. La niña contó que aprendió de sus mayores a valorar ese patrimonio, que incluye la música, las letras, las artesanías y una forma particular de ser.
Su mensaje puso el acento en el futuro: expresó el deseo de que los chicos de hoy puedan conservar esa identidad y transmitirla, a su vez, a sus hijos y nietos. “Quisiera que todo eso que guarda San Antonio de Areco lo podamos también tener en el futuro”, señaló.
El intendente Francisco Ratto retomó esas palabras como un ejemplo de la continuidad del legado güiraldeano. En su intervención destacó tanto la trayectoria literaria de Ricardo como su dimensión humana y el afecto que despertaba entre quienes lo conocieron.
El homenaje reunió así el recuerdo del escritor con una preocupación compartida: cómo mantener vivo ese patrimonio cultural y acercarlo a las generaciones que deberán darle continuidad.



