A 50 años de la masacre de los Mártires Palotinos: San Antonio de Areco mantiene viva la memoria
“Mientras haya un grupo de arequeros que consideremos que los hechos aberrantes de la historia no deben ser olvidados para no ser repetidos, o deben ser visibilizados para las nuevas generaciones… seguiremos viniendo para acá” fueron las palabras del doctor Gabriel Eterovich, a cargo de conducir una vez más el encuentro de los vecinos para recordar a los Mártires Palotinos: Alfredo Kelly, Pedro Dufau y Alfredo Leaden y los seminaristas Emilio Barletti y Salvador Barbeito.
Y así fue este fin de semana, en el que se cumplieron los cincuenta años del mayor atentado contra la Iglesia católica en la historia argentina. El sábado, autoridades municipales, amigos y familiares recordaron la memoria de Emilio Barletti en el cementerio, y el doctor Roberto Savanti – integrante fundador junto a Eterovich entre otros de la Comisión Permanente – leyó los pensamientos desgarradores de Alfie Kelly extraídos de su diario personal.
Para el domingo, el día gris y la lluvia cercana dieron el marco para evocar una vez más con flores y suelta de palomas. Se destacó la declaración de Interés Legislativo por parte del Concejo Deliberante “la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la masacre de los Mártires Palatinos, así como la totalidad de los actos, homenajes y actividades que se lleven a cabo en su memoria en el partido de San Antonio de Areco” con la firma de la presidente Viviana Bratschi y se dio paso al testimonio de Gastón Barletti, “que nos viene acompañando desde siempre en la comisión, y que además es hermano de una de las víctimas”.
Emilio, tenés un hermano que siempre estará orgulloso de vos.

Transcribimos a continuación las palabras de Gastón Barletti:
“Quiero empezar con recordar a todas las familias que durante estos 50 años han tenido que vivir el calvario, de no poder saber cuál fue el destino de sus seres queridos. Para todos ellos, nuestra solidaridad. 50 años, en realidad, no mucho más que 49 o menos que 51, pero son siempre los 50 años un número emblemático que muchas veces marcan algo. Y, además, cuando llegan, nos damos cuenta de que no son poca cosa. 50 años que nos obligan a detenernos un momento, y con la ayuda que del transcurso del tiempo, con más claridad y templanza, poder reflexionar muchas de las razones por las que aquí estamos.
50 años con grandes cambios, impensados no mucho tiempo atrás, pero, a su vez, con tristeza y frustración, vemos que muchísimas cosas más importantes siguen igual o peor. Y son esas cosas, ni más ni menos, por las que nuestros cinco hermanos lucharon y por la que dieron su vida. Y esa realidad nos dice con mucha fuerza, más que nunca, nos siguen haciendo falta.
Y, entonces, ¿será que no podemos escucharlos? ¿Será que su ejemplo de vida y entrega no nos moviliza?
No vaya a ser que el 4 de julio vaya a quedar como un hecho más de esa época y no nos permita ver y entender su grandioso y verdadero mensaje. Es la memoria que como compañera de viaje, a veces nos gratifica, a veces molesta, pero importante es cuando nos interpela en busca de una verdad. Y la verdad sobre nuestros mártires estaba ahí nomás, y nosotros dándole demasiado tiempo para encontrarla. Pero hoy podemos ver claramente y sin dudar que los cinco, con un profundo compromiso humano, religioso, con su fe, valentía y honestidad, siempre con el evangelio bajo el brazo, ofrecieron y dieron su vida. Eso de querer acallar a un sector de la Iglesia, los sermones de Alfie, la militancia de Emilio, es algo cierto, innegable, pero solamente un móvil.
El verdadero por qué está que los cinco fueron elegidos mucho tiempo atrás para cumplir una misión que, esperemos, no quede en vano. El 4 de julio del 76 nos puso frente al horror, el estupor, el desconcierto. Luego, la enorme tristeza provocada por la pérdida. El paso del tiempo cicatriza, pero para poder transitar todo ese doloroso proceso fue necesaria la compañía y la ayuda de los cinco.
Y nos ayudaron a detener el odio, a poder soportar el negacionismo del algo habrán hecho, y ese negacionismo del martirio que curiosamente hasta hoy sobrevive. Solamente con ir al diario de Alfie encontrarán de primera mano, la prueba más concluyente y explicación más certera del significado del martirio. Sin su ayuda, ya hubiéramos perdido la esperanza en que un día tendremos justicia. Y sin su ayuda, no podríamos estar hoy aquí con más alegría que tristeza, recordándolo y defendiendo su memoria.
Por eso también, con alegría, puedo decir decirle a Emilio que tenés un hermano que siempre estará orgulloso de vos”.





