Ni una Menos, 11 años después: las mujeres siguen muriendo y se debate a nivel nacional si problema realmente existe

Se cumplen hoy once años de la primera movilización de Ni Una Menos. Once años desde que el asesinato de Chiara Páez, una adolescente de 14 años embarazada, encontrada enterrada en Santa Fe, empujó a miles de personas a salir a las calles con una consigna tan simple como urgente: que las mujeres dejaran de ser asesinadas por el hecho de ser mujeres.

Once años después, el reclamo sigue vigente.

Y los números explican por qué.

Según el Observatorio Lucía Pérez, durante 2025 se registraron 271 femicidios y transfemicidios en Argentina, además de 243 intentos de femicidio. Como consecuencia de esos crímenes, 153 niñas, niños y adolescentes quedaron huérfanos.

En lo que va de 2026, la situación continúa siendo alarmante. Hasta fines de mayo, el mismo observatorio contabilizaba 95 femicidios y travesticidios, 95 tentativas de femicidio y 66 infancias huérfanas.

Pero este nuevo aniversario encuentra al país atravesando una discusión diferente.

Ya no se debate solamente cómo prevenir la violencia de género. También se discute si esa violencia debe ser reconocida como un fenómeno específico. El gobierno nacional de Javier Milei ha cuestionado las políticas de género impulsadas en años anteriores y sostiene que las víctimas deben ser abordadas desde una perspectiva general, sin categorías diferenciadas. Organizaciones feministas, en cambio, advierten que eliminar o relativizar la figura del femicidio dificulta medir el problema, diseñar políticas públicas y prevenir nuevas muertes.

La discusión parece semántica, pero no lo es.

Porque detrás de la palabra “femicidio” no sólo hay una muerte. Hay denuncias previas que no fueron escuchadas, restricciones que no se controlaron, dependencias económicas que impidieron salir de situaciones violentas y un patrón que se repite una y otra vez en expedientes de todo el país.

Y mientras el debate continúa, siguen apareciendo nombres.

Este 2026 quedó marcado por el caso de Agostina Vega, otra adolescente de 14 años asesinada. Otra familia destruida. Otra historia que vuelve a poner en evidencia que, más de una década después del primer Ni Una Menos, la violencia sigue encontrando víctimas cada semana.

Quizás la pregunta ya no sea cuántos femicidios hubo este año.

La pregunta es por qué una sociedad que conoce el problema desde hace más de una década sigue llegando tarde cuando una mujer pide ayuda.

Porque once años después, el grito sigue siendo el mismo.

Y eso, lejos de ser una consigna, debería ser una alarma.

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