Barrio Municipal: al fondo del pueblo, al fondo de las prioridades y siempre rogando por gestión
El Barrio Municipal parece una ironía en sí mismo. Un nombre que suena a gestión y presencia del Estado, pero que en la práctica convive desde hace años con calles rotas, pozos profundos, adoquines hundidos y agua servida estancada que corre como si fuera un arroyo cristalino, atravesando las cuadras sin control ni mantenimiento.

Ubicado a metros de la Ruta 41, en el extremo del pueblo, el barrio quedó literalmente “al fondo”. Para quienes viven allí, no se trata solo de una ubicación geográfica: es una sensación constante de exclusión. Los vecinos sienten que están fuera de las prioridades municipales, que las obras y el cuidado siempre llegan a otros sectores, mientras ellos sobreviven únicamente con su esfuerzo diario.

Las calles están hechas con pavimento intertrabado, un sistema de adoquines de hormigón colocados sobre una base de arena, diseñado para resistir el tránsito, drenar el agua y permitir reparaciones rápidas. Es una obra pensada para durar muchos años si se mantiene correctamente.
En el Barrio Municipal ocurrió lo contrario.

La falta de mantenimiento, la ausencia de controles y el permiso implícito para que circulen camiones pesados terminaron destruyendo el pavimento. Hoy hay sectores hundidos, adoquines levantados y verdaderas zanjas que convierten la circulación diaria en un riesgo permanente.

Según los vecinos, por la zona pasan entre cinco y seis camiones por día, muchos de ellos cargados con cereal o mercadería pesada, que no deberían circular por calles de este tipo.
Esta situación fue planteada hace más de un año y medio al secretario de Seguridad, Ramón Ojeda, sin que hasta el momento se hayan tomado medidas concretas.

El abandono se repite en otras calles del barrio y zonas cercanas.
Una de las vecinas, enfermera del hospital Zerboni, describió el panorama con crudeza: “Areco es un hoyo, Areco es un hoyo directamente, calle que andás, calle que está rota, gente que se ha caído en bicicleta, en moto, que ha ido al hospital por golpes de pozos, perros o accidentes”.

A este escenario se suma un problema aún más grave: el desagote de cloacas directamente en la vía pública.
Los propios vecinos reconocen que se sabe quiénes lo hacen. “La verdad saben (por los funcionarios) quién larga a la calle y quién no”.
Una situación que no solo empeora el estado de las calles, sino que representa un serio riesgo para la salud pública.
El pavimento intertrabado fue colocado hace entre ocho y diez años y desde entonces no recibió ningún tipo de mantenimiento municipal.
Con cada lluvia, el agua socava la base de arena. Con cada camión pesado que pasa, el suelo cede un poco más. La obra, que debía ser duradera, se fue arruinando ante la ausencia total de controles e intervención del municipio.
Las consecuencias golpean especialmente a los sectores más vulnerables.
En el barrio viven muchas personas mayores y familias con chicos con discapacidad, para quienes moverse por estas calles se vuelve casi imposible.
Tampoco los niños pueden jugar tranquilos. Ya se registraron caídas y accidentes con bicicletas en zonas donde el pavimento está completamente desparejo.
Pero el reclamo va mucho más allá del mal estado de las calles.
Muchos vecinos llevan décadas viviendo allí y recuerdan haber pasado años enteros en el barro antes de que llegaran estas obras mínimas.
Hoy ven cómo todo vuelve a deteriorarse.
Se sienten olvidados.
Estar en el límite del pueblo parece haberlos dejado fuera del mapa de prioridades.
Cansados de reclamar sin respuestas, en los pocos momentos libres que les deja el trabajo diario comenzaron esta semana a recorrer casa por casa para juntar firmas. La campaña recién empezó y continuará en los próximos días, con el objetivo de presentar formalmente una nota al intendente Ratto la semana próxima.

En el documento solicitan una intervención urgente para reparar las calles, frenar el tránsito pesado y mejorar la seguridad vial. Pero también piden algo fundamental: presencia.
Una de las vecinas resumió ese pedido con una frase contundente: “¿Sabés qué estaría bueno? Que una vez por semana, Ratto, se diera una vuelta por el pueblo y hablara con la gente, como tiene que ser. Que recorra los barrios. Así puede entender todo lo que está pasando y lo que la gente quiere expresarle”.
Mientras los vecinos luchan por tener un barrio digno, el deterioro avanza. Entre adoquines rotos, agua servida, camiones pesados y reclamos sin respuesta, el Barrio Municipal se convirtió, paradójicamente, en el barrio olvidado.
Porque no se trata solo de arreglar una calle. Se trata de no sentirse excluidos dentro de su propio pueblo.

