San Carlos dueño del Apertura
El Torneo Apertura masculino de Primera División tiene dueño, y es el equipo dirigido por Julio Rossich. En la segunda final, disputada en su cancha, San Carlos derrotó 2 a 1 a River, y en la definición por penales el equipo de Capitán Sarmiento fue más efectivo que el de San Antonio de Areco, al que venció por 3 a 2.

El partido estuvo a la altura de los antecedentes de los protagonistas, dos equipos -cada uno con su identidad- muy bien estructurados y sabedores de qué quieren y cómo lo buscan. Las grandes dimensiones del campo de juego le dan a San Carlos un elemento extra a la hora de tener en cuenta, y ellos saben explotarlo.

Fue así que buscaron en el comienzo arrinconar a River, pero el equipo dirigido por Enzo Canali redondeó un primer tiempo en muy buen nivel, recomponiéndose al tempranero gol de Giovanni Tegaldi y anotando la igualdad Gabriel Fantilli. Hasta ese entonces la cuestión pintaba bien para los de la Plaza Belgrano, porque de no mediar una muy buena actuación del arquero Emiliano Aponte bien podía haber sacado una ventaja amplia en el resultado.

En el complemento el técnico local reacomodó las piezas y la mejoría de los locales fue ostensible; River sintió el esfuerzo del capítulo inicial, perdió la batalla en la mitad de la cancha, y en las pocas veces en las que se hizo de la pelota casi nunca supo darle un destino preciso. Creció San Carlos y reapareció el goleador Tegaldi para poner el 2 a 1 definitivo y con el que se llegó al final.
A igualdad de marcadores (porque en la ida River había ganado 2 a 1 en la Fitte) llegó el tiempo de los penales para desempatar; y allí San Carlos fue más efectivo y se quedó con el Torneo y la Copa.
Nadie puede objetar la legitimidad de este campeón construido -una vez más- por Julio Rossich. No es invencible, pero para ganarle hay que batallar duramente y no descuidarse. Tiene buena estructura, un libreto aprendido casi de memoria, jugadores de muy buen pie, y de mitad de la cancha en adelante gente que frecuentemente se tutea con el gol. El título tiene un merecido dueño, y lo rubricó “a la hora de los bifes”.
El subcampeón, River, andará masticando bronca un tiempo, hasta que esos noventa minutos del último partido (más la definición por penales) pierdan temperatura; de ahí en adelante también podrá sentirse orgulloso de este equipo cincelado por Enzo Canali.
No le tocó quedarse con la corona porque San Carlos fue superior en los penales decisivos, pero si hubiera sido el ganador, nadie podría mancillar ese logro. Va por la buena senda, que en el fútbol suele certificarse cuando de un equipo “se sabe a qué juega”.
River también tiene su ADN que lo distingue y progresivamente va consolidando esa manera de ser. Terminó el primer torneo del año en nuestro fútbol doméstico y bien podemos estar satisfechos (sea cual fuere nuestra preferencia) del nivel de compromiso que las instituciones que conforman la Liga demuestran.
Ahora llegará un breve tiempo de descanso, y después, como siempre, será el tiempo de revancha. Ya lo dijo Diego Armando Maradona: “El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo, eso no le quepa la menor duda a nadie…”. La sociedad de San Antonio de Areco demuestra, fecha tras fecha, que ese histórico romance permanece inalterable.





